Cómo ayudar a los niños y adolescentes a afrontar el duelo

 

El duelo es un proceso normal ante la muerte de una persona querida. Un proceso normal, y muchas veces lento, ya que se extiende en el tiempo. También es un proceso dinámico, es decir, es común que haya pensamientos y emociones muy diferentes durante ese tiempo.

Además, cada persona lleva este proceso de una manera diferente, si bien es cierto que hay algunos aspectos que suelen aparecer con frecuencia:

  • Confusión ante el concepto de la muerte, que les llevará a realizarse muchas preguntas.
  • Ansiedad ante la separación de otras personas importantes. Si alguien cercano ha fallecido, se contempla la posibilidad de que otros también mueran.
  • Regresión en conductas ya adquiridas, como por ejemplo querer dormir acompañados o dificultad para controlar esfínteres.
  • Pesadillas o dificultad para conciliar el sueño.
  • Miedo a que ellos o alguien de su familia sufra enfermedades o se enfrente a algún peligro.
  • Desafío ante normas que antes tenía integradas, con el objetivo de provocar reacciones en los demás, ante la dificultad para expresar cómo se siente.

Creencias erróneas sobre el duelo

Hablar de la muerte se ha convertido en un tema tabú. Ocurre que, por un lado, somos los propios adultos los que no afrontamos con facilidad la idea de la muerte. Por otro, ese sentimiento doloroso o “evitativo” también provoca habitualmente que queramos proteger a los más pequeños, por lo que se les suele ocultar para que no sufran. Sin embargo, tener presente que la muerte es algo que forma parte de nuestras vidas, y esto facilitará los procesos de duelo.

Además, hay algunas ideas erróneas que se han extendido y lamentablemente pueden hacer más difícil afrontar el duelo. Algunas son:

  • El paso del tiempo lo cura todo. En ocasiones, superar una situación complicada conlleva mucho esfuerzo y trabajo y no únicamente el paso del tiempo.
  • Ocultando el dolor hacemos un favor al niño. El niño aprenderá que cuando nos ocurre algo negativo es mejor no expresarlo.
  • El duelo dura más o menos un año. No se puede determinar una duración, pues depende de la persona en concreto, de la red de apoyo que tenga, recursos personales que posea o relación que mantenía con el fallecido.
  • Si estamos tristes, el fallecido estará triste. Se podrían generar en el niño sentimientos de culpa por algo tan sano como sentirse triste.
  • Los funerales o tanatorios pueden traumatizar al niño. Siempre y cuando el niño comprenda qué es la muerte, tener un ritual de despedida podría ayudarle a ir asimilando lo ocurrido. En el caso de decidir que vaya, sería conveniente anticiparle cómo va a ser el ritual y evitar situaciones de gran intensidad emocional.

Algunos pasos a seguir en la superación

  • Aceptar la realidad de la muerte, es decir, tendremos que asumir que la persona fallecida no va a vivir más, que no la vamos a ver, que no va a volver. Para ello, conviene ser claros con los niños y transmitirles que la muerte es algo irreversible. En esta etapa es común encontrar gran confusión y momentos en los que no se llega a creer lo ocurrido.
  • Trabajar las emociones asociadas a la pérdida, validando y comprendiendo que puedan sentir ira, frustración, tristeza, alivio, culpa, etc. En ocasiones, los adultos, por nuestra propia angustia de ver sufrir a los niños, censuramos sus emociones con frases como “No llores”, “no es tu culpa”. En esta situación, lo más adecuado será ayudar al niño a poner nombre a lo que siente y compenderle.
  • Aprender a vivir en una nueva realidad sin la persona fallecida. Esto implica asumir ciertas responsabilidades de las que se encargaba el fallecido. En los adultos pueden ser gestiones o roles, mientras que para los adolescentes pueden ser cosas tan simples como ir y venir de manera autónoma al colegio, estudiar sin supervisión, pequeñas tareas domésticas, etc. Es positivo que se vaya adoptando una nueva rutina, pero no hacer como si nada hubiera pasado. Es decir, contribuiremos a realizar un buen proceso de duelo si hablamos de la persona fallecida, recordando qué estaría haciendo o qué diría; pero sin llevar a convertirse en el único tema de conversación.
  • Colocar emocionalmente a la persona fallecida en un nuevo lugar, generando un recuerdo no doloroso, sino con cariño hacia lo vivido con esa persona. Para ello se recomienda la realización de algunas actividades o rituales, según la edad y personalidad de cada uno como, por ejemplo, realizar un dibujo del mejor momento junto al fallecido y guardarlo en un lugar especial; escribir una carta de agradecimiento al ser querido por todo lo vivido o fabricar una caja de recuerdos en la que meter cosas que nos recuerden a la persona fallecida.

 

Cuentos recomendados

La isla del abuelo, de Benji Davies (Andana editorial)

Este álbum escrito e ilustrado por el conocido autor Benji Davies muestra cómo las personas a las que queremos permanecen siempre cerca, sin importar lo lejos que estén. Un libro muy tierno y delicado, incluso poético, con el que los niños y jóvenes aprenderán a valorar las relaciones entre nietos y abuelos, pero también descubrirán el momento de la despedida. La isla del abuelo nos puede servir para explicar la muerte y poder superar el duelo.

Para siempre, de Camino García (Editorial La fábrica)

Aunque la muerte es un hecho natural los adultos tendemos a ocultarla con el objetivo de  protegerlos de sucesos negativos. Es necesario hablar con los niños de la muerte porque en algún momento de su vida se encontrarán con alguna pérdida. Este precioso libro, escrito por Camino García e ilustrado por Marco Recuero, nos permite hablar con los niños acerca de la muerte y explicar que existe un ciclo que siguen todos los seres vivos. El ciclo de la vida.

Nana Vieja, de Margaret Wild (Ediciones Ekaré)

Nana Vieja y su nieta han vivido juntas mucho tiempo y comparten todo, incluyendo los trabajos de la casa. Una mañana Nana Vieja no se puede levantar a tomar el desayuno como de costumbre. Con calma va poniendo sus cosas en orden. Finalmente, lleva a su nieta a dar un último paseo para explorar las cosas maravillosas que las rodean. Este cuento es recomendado a partir de los 6 años.

No es fácil, pequeña ardilla, de Elisa Ramón y Rosa Osuna (Editorial Kalandraka)

Es la historia de una pequeña ardilla roja que ha perdido a su madre y pensaba que nunca más sería feliz. Sin embargo, cuenta con el apoyo de papá, que habla desde su experiencia de cuando él mismo perdió a sus  padres. Este cuento está destinado a niños a partir de los 4 años.

El jardín de mi abuelo, de Maria Àngels Gil Vila (Editorial Bellatierra)

Es la historia de la relación de un abuelo y su nieto a través del jardín que tiene el primero, con el cual vamos recorriendo el ciclo de la vida y cómo otros seres vivos nacen, crecen, se desarrollan y mueren. Este libro está enfocado a mayores de 10 años.

Mejillas rojas, de Heinz Janisch (Lóguez Ediciones)

En este libro vemos cómo un abuelo narra cuentos emocionantes a su nieto. ¿Hay algo más bello que tener un abuelo que sepa contar las historias más disparatadas, los pequeños y grandes milagros y las aventuras más increíbles? Se recomienda su lectura a partir de los 13 años.

Películas acerca de la muerte

Bambi (1942)

Es una película de dibujos animados en la que Bambi, un cervatillo simpático, pierde a su madre a manos de unos cazadores. Durante la película podemos ir comentando qué sucede y compartir cómo nos sentimos.

El rey león (1994)

Simba tiene que enfrentarse a la muerte de su padre, el rey Mufasa, y a emociones como la culpa, que su tío Scar se ha encargado de transmitirle.

En busca del valle encantado (2007)

La madre de Piececitos es asesinada por un T-Rex y tiene que emprender un largo viaje para llegar a una tierra segura, lejos de los dinosaurios carnívoros.  En esa aventura se junta con otros dinosaurios que entienden cómo se siente y juntos se ayudan a superar las dificultades.

Buscando a Nemo (2003)

Nemo es un pez payaso muy protegido por su padre, que tiene mucho miedo tras la muerte de su madre. Todo cambia cuando Nemo es capturado y tiene que salir en su busca.

 Mi chica (1991)

Esta película está destinada a preadolescentes y trata de Veda, una niña obsesionada con la muerte, a la que está ligada por dos motivos: su madre ha fallecido y su padre dirige una funeraria. La película narra su vida en compañía de su mejor amigo. Tras la película podemos comentar acerca de la amistad y de los mensajes que nos da nuestro círculo cercano sobre la muerte.